Primavera

Me doy cuenta de que yo soy adicta a las tardes de primavera. Porque llegan cuando estamos cansados de las noches eternas, del frío y de extrañar todo lo que, por meses , tanto hemos añorado. A mí me gusta reconocer los verdaderos colores de todo, todo lo que antes era gris, sombrío, adormilado. Y sé que es hora de estar atenta cuando oigo un aleteo alebrestado e identifico un pico cargado de ramas, de musgo – de proyectos para el tiempo que tenemos en las manos. Es como si ramas, árboles y tierra gritaran a mi paso: “¡Renacer! ¡Ahora! ¡Renacer!” y me tomaran de las dos manos para hacerme girar y girar hasta que alguno de nosotros se mareara y, muerto de la risa, se cayera y rodara y rodara agotado de sonreír, pero jamás -nunca jamás- cansado de sentirse vivo, de saberse feliz.

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