Nosotros aquí, ellos allá*

Pero lo olvidaremos todo:

La aridez del paisaje, el tono del cielo, esas caras y hasta el color de las fresas.

Saldremos de nuestra lujosa cabina de gran turismo TuriStar para seguir viviendo la vida como si esas escenas no formaran parte de nuestra propia verdad. Dejaremos esta experiencia atrás como quien se aparta del cine y se olvida de una película que le ha entretenido un rato, pero nada más.

Borraremos de nuestra memoria a esa mujer que tallaba ropitas sobre las piedras de un río; al perro que agitando la cola jugaba contento retozándose entre la polvareda que levantaba la tierra y -sin duda alguna- olvidaremos también la cara de aquel inmigrante que andaba sobre la carretera, a pie y debajo del sol, cargando dos costales y una caja de cartón a modo de equipaje en el que llevaría su hastío envuelto en trapos, tres fotos, dos recuerdos y un frágil recipiente sellado con su última esperanza…

Todo. Lo olvidaremos todo:

La enteridad de lo que se atestigua desde la ventana de nuestro elegante autobús;

las garzas en vuelo, las nubes viajeras.

Estampas, postales y proyecciones de inimaginables historias que parecen desvanecerse en segundos frente al cristal – cada ráfaga de coincidencia entre “nosotros-aquí” y “ellos-allá”.

Todo.

Llegaremos a nuestro destino de espejos, fuentes y restaurantes en los que por un espárrago y tres copas de vino pagaremos una cantidad con la que ellos allá sólo pueden soñar. Alcanzaremos tranquilos nuestra residencia iluminada con un centenar de bombillas que los privilegiados encendemos de un golpe para leernos barrocos poemas y pretenciosas filosofías en las que buscamos respuestas a nuestras preguntas de vida, que desde hace siglos y siglos, se contestaron los sabios analfabetas que viven acá.

Lo veo todo desde esta ventana, mas duermo tranquila porque esas angustias suyas que me miran a gritos y la incertidumbre que se refleja en sus rostros no dejarán ni una sola secuela en la conciencia mía, ni mucho menos en la de los otros viajeros que decidieron cerrar las cortinas con el fin de evadir ser expuestos a estas escenas y de ir recorriendo las disparidades de su propio país, así, cómodos e indiferentes, con las narices hundidas en una pantalla que les permite pensar que las existencias desarrollándose afuera no son tan reales como las personas que se han fabricado para infravivir en su mundo virtual…

Estampas, postales, proyecciones de vidas que vamos desenhebrando nosotros-aquí y ellos-allá.

1-carretea

*A Hugo.

Fotografía: P. Romero.

Encefalografías en tinta sobre papel by P. Romero is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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