Postales de Ámsterdam

Impresiones de una turista común:

(1) Su gente es increíblemente amable: Es en la única ciudad donde yo he estado, en la que todo, TODO ciudadano que iba por la calle me ha devuelto la sonrisa. Y si se daban cuenta dos segundos después de que no me la habían devuelto, me buscaban con los ojos y se aseguraban de que no me fuera sin ella de regreso. Eso no me había sucedido en ningún otro lado.

(2) Y son bellísimos. Todos. De todos los géneros y todas las edades.

(3) Nadie sospecha de ti. Se respira respeto, libertad y vida.

(4) Uno pensaría que a falta de holandés, el inglés te sacará de apuros; en Ámsterdam, se habla español y buen español y, si no, italiano o te preguntan si dominas el árabe solo por no descartar ninguna opción que pueda facilitarte el día.

(5) Mis ciudades favoritas siempre serán las que tengan agua de por medio y un área de campos silvestres escondidos en algún lugar. Ámsterdam, se coló en esta lista.

(6) Las reglas de tránsito son ininteligibles para el transeúnte casual: Es un verdadero desmadre; imposible saber quién, dónde y cómo lleva la preferencia ¿las bicis? ¿El tram? Porque no el peatón y menos aun si lleva un mapa en la mano. Ni haber crecido en la Ciudad de México podría preparar a nadie para este caos sobre ruedas.

(7) Los pasteles. Nunca olvidaré esos pasteles. Pero, si viajas a Ámsterdam, come sopas y galletas de marihuana.

(8) Todavía no logro tener una mente lo suficientemente abierta como para que no me mate de dolor ver a mujeres jóvenes (no vi ni otro género ni otra edad) anunciándose en aparadores como si fueran bolsas de piel para su consumo y venta. Me consuela saber que la ley las protege con mayor fuerza que en ningún otro rincón de la Tierra, pero no puedo convencerme de que no están en esas ventanas como resultado del juego de poder en el que, históricamente, nosotras siempre hemos perdido (o con mayor frecuencia), en combinación con la serie de historias desgarradoras que llevarán por biografía… No la compro. No me lo creo. Ni por un segundo. Las quiero sacar de ahí. A todas.

A todas.

(9) Sabemos que el consumo legal, fomenta una producción y una venta legal de cannabis y que vamos por buen camino; ojalá que pronto sea el mundo entero – las estadísticas de nuestro país lo piden a gritos. Pero me abolla el alma que toda la cultura -y el marketing- del consumo de drogas en Holanda tenga a mi México en el centro, porque los nombres, iconografías, réplicas de la cultura del narco que ahí, en esas tiendas, resultan ¿exóticas? ¿graciosas? ¿emocionantes? son -sin proponérselo- parte de lo que refuerza la noción de que nosotros, junto con los colombianos, somos quienes proporcionaremos las mejores experiencias; una idea que se compra en el extranjero al precio de las vidas, el sufrimiento y la sangre de los nuestros. Me gustaría que tuvieran publicistas y diseñadores más creativos…

Pero ya mencioné mi fascinación por su sentido de respeto y de libertad. Son un ejemplo.

(10) Necesito volver.

1-36 Amsterdam 2016.JPG

 

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