Embargo

¿Será que ésta es indubitablemente la vida mía y no una que me apropié a la fuerza?

¿Podrán de pronto, una madrugada inquieta, llamar a mi puerta para exigirme que la devuelva?

¿Será que me robé los días, las risas, los proyectos, las ilusiones y todas las caricias? ¿Y que hoy, para hacer justicia, se busca mi paradero por sótanos, cloacas y callejuelas?

Temo que la felicidad vivida haya generado deudas de un grado tal que no podré saldarlas nunca aunque mi alma al infierno venda…

Los escucho: Vienen, se acercan. Los oigo andar con sus zapatos lustrados, sus libros contables y las órdenes judiciales…

¡Piedad, Señores! ¡El calor de sus brazos, nuestros bosques, cascadas, mañanas tibias y tres, sólo tres notas del piano que adormeciera mis miedos y soledades! ¡Por piedad, Señores! ¡Les aseguro yo: esto que pido es solo el mínimo de subsistencia!

(Me aterra escuchar el eco de una habitación vacía que me repita: “¡Fuera! Fuera!”;

Y el murmullo de las paredes que me griten a los ojos: “Aquí no ha quedado nada, no sueñes con hacer maletas”.)

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s