Un Óscar a la injusticia

Leí por ahí, en estos espacios que nos han hecho pensar que todos tenemos la autoridad de opinar, que la nominación de Yalitza Aparicio por su trabajo en Roma, es inadecuada, pues Yalitza no es actriz, sino una persona que siguió las instrucciones de un director para  saber cómo representar cada escena. Me pareció que lo que motivaba el comentario era un profundo sentido de injusticia que el joven mexicano que emitió esta opinión sentía al saber que Yalitza había sido nominada para un premio por una disciplina para la que ella jamás había estudiado, quitándole de esta forma el galardón a actrices quienes por toda una vida han dedicado sus horas y sus días a comprender y perfeccionar su desempeño actoral. Es incorrecto, se opinó. Injusto. Yalitza no lo merecía.

Es claro que el argumento principal que intenta defender esta opinión es que, a causa de la influencia que Cuarón tuvo sobre su desempeño, la de Yalitza no es actuación, sino otra cosa. ¿Y qué otra cosa, me pregunto yo? ¿Presencia? ¿Pasividad? ¿Obediencia? Al parecer. Eso me queda menos claro. O será que interpretar el estado mental, psicológico y físico de una joven que pierde un bebé de esa forma y en esas circunstancias, cuando Yalitza (hasta donde tenemos conocimiento) no las ha vivido ella misma, no es actuación. Sino presencia. Obediencia a una dirección. A mí lo que me alivia es saber que yo no pertenezco al panel que tiene que tomar dicha decisión, porque, a juzgar por estas reflexiones sobre lo que cuenta y no como actuación, debe ser un trabajo imposible de realizar. Por supuesto que yo no sé nada de actuación y mucho menos de cinematografía, pero lo que sí sé es que en incontables entrevistas reconocidos actores y actrices han documentado la fuerte influencia que puede tener un director sobre sus actuaciones (ver por ejemplo la entrevista a Audrey Tautou, actriz, en The Talks (1)), lo cual sugiere que sería una tarea de verdad compleja, la de comenzar a determinar cuál es el punto exacto en el que el Óscar a una actuación debe reconocer la influencia de un equipo creativo sobre el desempeño de un solo individuo, actor o no, cuando claramente ninguno de ellos – ni actores sin director, ni directores sin actores, ni guionistas sin fotógrafos, ni fotógrafos sin productores, podrían hacer el mismo trabajo dentro y fuera de ese equipo. Harían un trabajo genial, tal vez, pero distinto. ¿Mejor? ¿Peor? Imposible determinarlo con certeza.

O será que yo, como de cine y actuación yo no sé nada, no logro identificar con tanta claridad dónde yace la injusticia.

Injusticia…

Otras contrastantes opiniones, ondean la bandera mexicana, se enorgullecen y celebran el triunfo de Yalitza porque, como suele suceder con los profetas y su tierra, resulta que ahora ella representa “lo nuestro” en el extranjero. Resulta que ahora su cultura, su lengua, su procedencia son “lo nuestro”. Ahora que se le nominó, ahora que en la revista Vogue y por todo el extranjero se reconoce la belleza de su piel, de sus gestos y la musicalidad de su lengua que a ningún mestizo mexicano educado en escuela privada se nos animó a estudiar, ahora sí somos uno con ella. Ahora sí, Yalitza representa “lo nuestro”… Por mi parte, ni orgullo, ni bandera, pero me da por pensar que con esa opinión estoy mucho más de acuerdo que con la primera, porque eso sí que es verdad: Yalitza, en la obra de Cuarón representa “lo nuestro”; nuestro implacable racismo, nuestro abominable clasismo, nuestro mortuorio sexismo y nuestra discriminación hacia los hablantes de lenguas que identificamos como sinónimos de la invisibilidad. La doble, triple discriminación que sufren día a día las trabajadoras del hogar en nuestro país, ellas y todos los miembros de su comunidades. Ese sí es el México nuestro. El México que las sofoca, las domina y las asesina cuando ya no le dan lo que les exige dar. El México nuestro que orilla a una joven -claramente lo suficientemente sensible, valiente e inteligente como para interpretar los matices de un personaje como Cleo- a pensar que no debía atender el llamado a la audición porque podría ser un caso de trata y no una genuina oportunidad para participar en un trabajo creativo de tal escala. Un México que obligó al papá de Yalitza a hacer lo que estaba en su poder para que su hija olvidara su propia lengua porque sabía las connotaciones y consecuencias que su bilingüismo le podrían traer. Un México que ahora llama “injusta” la nominación de una actriz cuyas aspiraciones profesionales no podían rebasar las aulas de la escuela primaria rural que le sirvieron de escenario hasta el día que tuvo el valor de tomar el riesgo de ir a esa audición.

Injusticia…

Injusticia es que exijamos que Yalitza, cuya comunidad ha carecido de todas las oportunidades imaginables y por imaginar, cuente con la misma educación y experiencia actoral con la que cuentan las otras nominadas – que serán más, menos o igualmente capaces, eso sí, pero lo suficientemente privilegiadas como para poder hablar una lengua materna sin miedo; para poder asistir a una audición sin pensar que el resultado será terminar con algunos sacos de cocaína insertados en el estómago y esclavas a la prostitución (2); para poder actuar sin que se cuestione si lo que hacen es actuación porque los representantes de su comunidades son invisibles y se les piensa incapaces de interpretar un rol. Me pregunto yo, si la afirmación de que lo que Yalitza hace no es actuación no es más que un claro reflejo del racismo y del clasismo que corre por las venas de los mexicanos, que tan incapaces somos de creer que una mujer de origen indígena posea la habilidad de comprender la complejidad de las emociones humanas e interpretarlas como sus experiencias de vida se lo permitieron. Me pregunto si esta afirmación no es una clara ilustración de nuestra terquedad por insistir que el papel de las mujeres como Yalitza no puede ir más allá que el de estar presentes, ser pasivas y obedecer…

¿Orgullo? ¿De qué? ¿De un país y de una clase que me enseñó que somos tan señoriales, tan superiores que nunca seremos uno con los como-ella?

Si Yalitza Aparicio hará o no otras películas, si sabrá interpretar otros papeles o no, importa muy poco: Lo que tenemos es un presente, un momento en el que a los clasemedieros mexicanos nos toca reconocer los gravísimos errores que históricamente hemos cometido una y otra vez contra las Yalitzas de nuestro país. Yalitza representa posibilidades sobre las que no puedo sentirme orgullosa porque no se las dieron ni mi país, ni mi clase ni yo. Se las dio ella, se las dio su valor de ver más allá de las paredes de la escuela primaria donde trabajaba y de los límites geográficos de su población. Felicidad por ella, sí. Toda la felicidad. Pero orgullo no. Vergüenza por lo que somos. Dolor. Rabia. Exasperación. Y lo otro que siento es un profundo e infinito agradecimiento a Cuarón, por no quedarse inmóvil al verse de pie en un punto que le permitía resaltar, apuntar, hacernos ver -a nosotros y al mundo entero- los gravísimos errores que, como mexicanos, nos empeñamos en cometer. Yo sólo espero que Roma y sus nominaciones al Óscar sean el principio del fin. Que sean el grito de apoyo que -por décadas- las trabajadoras del hogar han estado esperando para que, por fin, su trabajo sea reconocido por lo que es: un empleo, que no una puerta abierta hacia la esclavitud a manos de los mexicanos que hemos gozado de tan abundantes e inmerecidos privilegios en la historia de nuestro país (3). Que sean la caída de nuestra arcaica, absurda e insostenible Roma mexiquense. Que así sea. Ojalá.

 

(1) “Audrey Tautou: Who is the artist?”, The Talks. Disponilble en http://the-talks.com/interview/audrey-tautou, Fecha de acceso: 03/02/2019

(2) Sánchez, A. “Cómo descubrió Alfonso Cuarón a Yalitza Aparicio para Roma”, Vogue, 27/11/2018. Disponible en: https://www.vogue.mx/agenda/cultura/articulos/yalitza-aparicio-roma-alfonso-cuaron/14111. Fecha de acceso: 03/02/2019.

(3) Suárez, K. “El 98% de las empleadas domésticas en México trabaja sin protección social”, El País, 14/12/2017. Disponible en: https://elpais.com/economia/2017/12/13/actualidad/1513191923_159021.html. Fecha de acceso: 03/02//2019.

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